martes, 11 de mayo de 2010

DOS PORRAS, CUATRO CHURROS Y CHOCOLATE


Dos porras, cuatro churros y chocolate.

Señala para que le pongan la porra del medio, la del final, de cabeza gorda con bonus track y bola extra para un futuro de arterias con meandros.

Se remanga la chupa. Un churrito. Lo dobla por su eje central. Y lo moja en chocolate hasta la mitad. Lo saca. Lo huele. Lo traga.

Mira hacia la calle. Siempre parece tenso como si estuviera esperando algo o a alguien que hubiera de llevarle a paraisos siempre imaginados.

Su enorme vecina Sudafricana, pero blanca, llega sujetándose a su nuevo novio de hoy. Desmelenada y leonina. Tetas enormes y mirada de directora de cuentas en agencia de publicidad. Folla bien pero sabe raro.

Termina su desayuno. Paga. Gafas oscuras y opacas.

La calle siempre le recuerda a la selva. De pequeño pensaba que la selva era un lugar silencioso y cuando tuvo que vivirla casi se vuelve loco del continuo ruido.

Cruza la calle y se adentra en el parque Calero. Elige un banco al sol. Se quita la chupa. Se sienta. Extiende sus brazos cual Logotipo crucificado. La cabeza hacia atras primero y rodando hacia la derecha, queda apoyada en su hombro. Expira muy lentamente...

Otro glorioso martes al sol.

5 comentarios:

SUFIAN dijo...

Lo mismo voy hacer hoy, haber si no llueve.

Jezabel dijo...

Anda cosita, súbeme un chocolatillo con churros que yo con hambre no puedo follar
Bess

Águeda Torrado dijo...

el paro da para disfrutar de éstas grandes cosas de la vida:

de la vecina leónidas, de los churros y del sol.

véis como la crisis no es tan mala??

Carlos Galeon dijo...

¡Joder, qué vida más anodina! Al menos en el relato le podrías dejar mojar algo más que el churro en el chocolate.
Un abrazo.

Belén dijo...

Jo, pues yo haré unmiércoles al sol después del café, que sienta de maravilla :)

Besicos