Con gomina para una cabeza casi sin pelo.
Calzado italiano para andares patizambos.
Acento pijo-tonto de algún barrio de casas con puerta para el servicio.
Manitas de manicura, sudorosas de horas de padel con Borgas y Chuchis.
Aires de grandeza con aliento a pedo mañanero.
Todo eso lo he soportado durante estos dos últimos dos años... eres mi jefe.
Pero lo de ser un bokiki.. eso no. Hasta ahí llego. Ahí me planto.
Esos comentarios lanzados contra las paredes alabando tus aciertos, aun siendo de otros. Esas llamadas de atención sin control, despellejando a aquellos, y sobre todo a aquellas, que no cumplen con el concepto de servilismo laboral que aprendiste en colegios de Opus Dei.
Y ella es "La Keli"... la ke-limpia.
Mi cenicienta de la oficina. La parte del cuento que nunca me contaron. Mi amor secreto. La golfa que ilumina mis pajas. La ansiada madre de mi descencia. El tanga bajo la bata verde. El pelo recogido con un boli. El lunar junto al labio. La carcajada abrupta y sincera. La mirada soñadora mientras fuma sentada en las escaleras de servicio. Mi posibilidad en la distancia...
Y tú la has humillado... Has sido un bokiki... Un campeón... Te has puesto grande al sentirte rodeado de tus igualesimbécilesejecutivos. Hijos de jefes para ser jefes. Reyes acosadores de princesas de barrio. Ella no quería que tu la abrazaras... te lo ha repetido muchas veces en estos últimos meses... pero has tenido que hacerlo... bokiki...
Hoy me he roto los dedos con tu mierda de ortodoncia para mayores de 40.
Hoy has llorado como tantas veces hiciste llorar a otras.
Hoy has perdido los dientes.
Hoy he perdido mi empleo.
Ahora tengo el telefono de Cenicienta apuntado en la palma de mi mano... Ella misma lo ha escrito alli.

para que nunca, ninguno, marque las 12.






















