Prueba cada uno de los cepos antes de colocarlos a lo largo de la terraza. Se apresura. Sabe que vendrán con el amanecer y apenas quedan unos minutos. Coloca pan duro mojado en leche como cebo. Ya llegan...
Corre a esconderse dentro de su casa. Entra y se agazapa tras la cortina de la ventana de su cuarto.
El cielo se llena de sombras pardas. El sónido de miles de estorninos se hace dueño del nuevo dia. Se posan sobre todos los edificios. Algunos ya han entrado a la terraza y saltan sobre los cepos... al instante y atraidos por una llamada invisible son cientos los que se avalanzan sobre el pan mojado. Apenas se ve el suelo. Escucha como se cierran los mecanismos uno tras otro.... CLAP!!..CLAP!!!. Algunos pájaros en loco frenesí, pican al compañero que agoniza con el cuello partido. Otra llamada invisible hace que todos despegen y dejen la terraza libre de aves y repleta de cadáveres.
El sale de su escondite sonriente y satisfecho. De nuevo ha sido un gran día. Veinte cepos, veinte aves. Recoje sus premios y deja unos cuantas trampas preparadas por si algún gorrión o paloma decide pasar. La mitad para consumo y la otra mitad para conserva, que los inviernos son largos.
Hoy ha hecho paté, se huele desde la planta en la que vivo. Seguro que baja a traerme un poco. Charlaremos. Fumaremos su "kifi" mientras se queja de lo que tiene que hacer un jubilado de 72 años en este mundo de mierda para poder comer todos los días.










