Ha sido imposible rechazar el trabajo. Todo el mundo parece saber donde me encuentro. Si colaboro, hay protección. Si me hago el campeón y paso de todo, igual acabo nadando sin brazos en el estrecho y con algunos kilos de hormigón pegados a mis tobillos.
Llegan dos coches.
En uno el dueño del avión y dos escoltas-armarios para su seguridad, sin pinganillos... de los que saltan, arrancan y luego preguntan. Son como los espartanos de la pelicula pero en tamaño XXXL. En el otro coche, las maletas.
El Jeque-dueño del avión se para delante de mi. Viste occidental. Se baja las gafas un poco. Me mira de arriba abajo.
- ¿Entiendes?
- El castellano cojonudamente.... con otros idiomas igual me hago lios y la cago.
- ¿Hablas en argot?... muestrame más.
Sube las escaleras. Me hace una seña para que le siga. Sus tremendos y barbudos guardaespaldas me siguen. Huelen raro... Paul Gaultier.
El avión por dentro es como todos los aviones para una cucaracha, agonizante. No logro acostumbrarme. Sentado frente al jeque. Pido tequila y me endiño dos lonchas de farla de las cuatro que ha preparado sobre la mesa que nos separa. Esto es otra cosa. Saco un trocolin.
- ¿Un peta de la risa?... le ofrezco.
- Pe-ta de la ri-sa... repite mientras lo enciende.
Sus dos sombras beben agua. Uno a cada lado de nosotros.
Me pide que le hable del sitio donde vamos. Como tengo poca memoria para los temas turíticos, le hago una historia nueva a la ciudad. Cierra los ojos y me deja hablar. Me siento Sherezade, pero con rabo. Le hablo de putas , reyes, princesas, brujas, santas, demonios y cucarachas. Parece que lo disfruta.
Aterrizamos. Soy su conductor. Un coche de seis cifras. De refilón veo los "hierros" a los dos gigantes. Armas pequeñas de pequeño calibre y herramientas de las que se afilan. Estos son de los que trabajan en corto. Son de Kazagistan. No se ni donde esta ese sitio. Arranco y llego.
Paseamos por la gran plaza. Entramos en la catedral. Le pregunto por su afan en venir a este sitio.
- Mi primera relación sexual fue con un profesor de español que habia nacido aqui... dice suspirando y entrecerrando los ojos... El Pilar era su lugar de retiro y arrepentimiento. ¡Cuantos orgasmos habrá penado aqui!... ¡Era tan creyente!.
- ¿Murió?
- Mi padre no supo entender nuestro amor.
El amor todo lo puede... pero el sexo puede más.
Conoce un restaurante de muchos tenedores. Todo parece pagado. Yo solo hablo... sin parar. Me gusta este curro. Salimos y nos sentamos en la plaza al lado de la catedral. "Quiero follar" me dice poniendo su mano sobre mi muslo. La cara que pongo no deja lugar a dudas del tipo "puedes comerme la polla, pero si pasas la linea del respeto, esta fiesta acaba muy malamente"... Sonrie pícaro y me indica un hotel de muchas estrellas. Conduzco y hablo.
Ha reservado una suite. Sube con sus guardaespaldas. Igual arriba ya tiene carne preparada. Me quedo en el bar mirando las piernas a las camareras. Entran los tres en el ascensor y justo antes de que se cierren las puertas puedo ver como se pone de puntillas y le mete la lengua al mas grande de sus dos efebos- escoltas.
Si... tambien tenia la carne preparada.
Ahora toca esperar...
Despues de cenar sólo, pregunto en recepción por mi habitación.
- Su jefe ha recalcado que si quiere dormir en un colchón, tiene usted sitio en la Suite.
Dura noche de sofas... Actualizo desde el propio hotel. Mola el lujo.
¡Buenas piernas las camareras mañas... mejor coño!















