He aprendido a olvidar tu nombre.
Olvidando de él
el arrullo en mis oidos
que tu boca arropaba
al pronunciarlo.
He aprendido a olvidar tu nombre.
Apretando mis muelas
para no susurrarte
mientras me afeito.
Apretando mis manos
para no decirte
en el reflejo de otros ojos.
Apretando mi alma
para no gritarte
mientras me toco.
He aprendido a olvidar tu nombre.
Mas fuerte mi voluntad
que la fuerza del agua
de tus ausencias.
He conseguido
lo improbable,
casi olvidarte.
Digo casi
porque a veces,
mientras mis ojos cabecean en mis sueños
y lo real y el humo
bailan tangos,
mis labios desobedecen
y tu nombre se escapa,
como un de repente,
entre un beso
y
un murmullo.
