De pie en mi colchón, sube su falda despacio. Un tacón a cada lado de mi cadera. A contraluz de los neones de los putiferios de la calle y de la tienda del chino Liu. Va a agujerearme la cama con esos picos y alli se acumularan los restos de mis lefadas y los sacaré algun día como quien aprieta un punto negro de la piel. Sube su falda. Sube su falda. Sube su falda. Donde se juntan las siluetas de sus muslos hay un montoncito de carne que degustaré en breve. Es apenas nada. Como un montoncito de nieve apretada. Se saca el vestido y, aun de pie, se aprieta las tetas mirando al cielo de mi techo sin dejar de contonearse o bailar. Los ojos cerrados. Los pezones, apenas visibles, destellan a veces como gotas de lluvia de repente iluminadas. Sus pezones en mi colchon tambien lo agujerearian. Se toca el montoncito. Aparta el tanga hacia un lado. La silueta de su coño son dos galletas de pie, rellenas de chocolate. Oreo o Principe de Bekelar de perfil. Separaré una de las galletas y con la punta de la lengua saborearé el relleno. Tardará un poco en llegarme su sabor, el tiempo que tarde mi lengua en repartir la delicia por el cielo y las paredes de mi boca. De pie en mi colchon. Desnuda. No deja de bailar sin música. Suelta su pelo. Se pone en cuclillas sobre mi pecho. Me acerca su montoncito de galleta rellena a mi boca.
- Probablemente, cuando muera, esta sea la última imagen que recuerde.- la miento.
- Y tu último sabor... ¿ no?..
- Si... si... eso será... saladito....

- Probablemente, cuando muera, esta sea la última imagen que recuerde.- la miento.
- Y tu último sabor... ¿ no?..
- Si... si... eso será... saladito....

