Febrero
llega desde Andrómeda
con las manos ateridas,
los mofletes colorados
y el hogar distante.
Llega cabrón,
con los negros
muy blancos.
Febrero
sabe a gominola de menta
que viaja entre bocas
de alientos solidos
que flotan en el aire.
Llega canalla,
con muecas
y sin trabajo.
Febrero
engorda el año
engañando al invierno
bajo palacios de cartones
construidos en sus parques.
Llega valiente
dejando que la primavera
le corte con los dientes
las uñas de sus pies.
Febrero
un mes... sin pais.
