Cuando en el barrio deciden llamarte El Lavandas, solo puede ser por una cosa... que un día la jodiste con los olores.
Siempre es lo mismo.
Aparece con risas, cervezas, trockolines y ganas de juerga. Desparrama sus vivencias al aire de la noche y hace que todos seamos un poco más felices. El Lavandas, al principio, es aromas de aires frescos de pinos y bosques.
Siempre es lo mismo.
Aparece con risas, cervezas, trockolines y ganas de juerga. Desparrama sus vivencias al aire de la noche y hace que todos seamos un poco más felices. El Lavandas, al principio, es aromas de aires frescos de pinos y bosques.
Caen las cervezas y se hacen humo los petardos. El Lavandas se pone místico en sus historias con aromas de incienso y salvia.
Alguien trae tequila o Dick o Pampero. Nos ponemos hasta los ojos. El Lavandas se pone perraco con ganas de morder cuellos y follar perracas.... y su aroma es sudor de estivador fornido y maricón con hambre de Querelle´s marineros que bajan sus pantalones tumbados en mesas de billar.
La noche termina y nos vamos marchando, no sin antes mirar hacia atrás y ver a El Lavandas recien vomitao y nostágico... rascándose el culo por dentro del pantalón, sacando la mano y oliendo sus dedos.
Por suerte, estoy a demasiada distancia para disfrutar el aroma final a El Lavandas.