No vende nada.
La gente pasa por delante de su puesto sin mirar. Algunos, incluso, giran la cabeza para no ver su mercancía. Tan sólo los ancianos, vividores de posguerras, se acercan a pedir gramos de alimentos.
Vende visceras de animales muertos.
Pero vende poco.
Pudo haber sido abogado como su padre o médico como su madre, pero él adora la textura tactil, la textura aromática y la textura dentífrica de las visceras. Las entrañas son su vida.
Pero vende poco.
Una chica oscura, bajita y de pelo corto suele comprarle algo de vez en cuando. Parece saber lo que pide. Entre ellos se entabla esa amistad de mercado, de compra semanal, de fidelidad por el alimento. Ella pregunta por el negocio. El sonrie y mete 100 grámos mas de criadillas sin cobrarselas... "Aqui, aguantando el tirón".
Ella sabe que vende poco.
Un día ella aparece con más sonrisa de lo habitual y un móntón de papeles amarillos. "Lo que te falta es marketing. Ahora todo es publicidad. La gente sólo compra lo que le venden. Toma... pega esto en las visceras correspondientes"... y gritalo de vez en cuando.
CORAZON DE VACA ENAMORADA...
HIGADO DE POETA BORRACHO...
RIÑONES DE MADAME...
CRIADILLAS DEL TORO ENAMORAO DE LA LUNA...
CEREBROS CUÁNTICOS....
CABEZA DE CORDERO ESTOICO...
MENUDILLOS DE HADAS...
Semanas más tarde, el consumo de visceras ha aumentado. A veces viene gente a hacer fotos a los productos.
A cada hora en punto grita su mercancia y el mercado se congela para escucharlo.
Y la chica oscura, bajita y de pelo corto se ha instalado en su vida y folla como las CRESTAS DE LOS ÁNGELES.
