reciben los nidos de las grullas
yo acepto mi destino
enterrado en aguas estancadas
que el viento azota
siempre demasiado alto
y supongo helado.
Apenas elevo mi mano
y el murmullo acalla
quedándome sordo
por ausencias de sonidos,
Dejando mi corazón,
rota caja de resonancia,
llenándose de pantano
añorando siempre
al río.
Sabroso sabor que sabe
a sumas que restan
Imbecilidades.